Buenos Antojos nació de un impulso simple y sincero: las ganas de crear sabores que emocionen. Empezamos tímidamente, casi en chiste, con apenas cuatro frascos de mostaza. Era una prueba, un “a ver si gusta”. Y gustó. Tanto, que en solo seis meses pasamos de esos cuatro frascos tímidos a una tienda online propia y un catálogo que crece más rápido que nuestra capacidad de creerlo.
Detrás de Buenos Antojos estamos nosotros: Walter y Lorena, un matrimonio que, en la quinta década de la vida, decidió cambiar el ruido de Buenos Aires por el aire limpio de las sierras de Córdoba, en Capilla del Monte.
Walter es cocinero de profesión —título del Instituto Argentino de Gastronomía, año 2002— aunque nunca ejerció de manera formal. Su pasión siempre vivió en casa, entre fuegos, recetas y amigos que volvían una y otra vez “por ese sabor”. Buenos Antojos es, en esencia, la forma de despuntar ese vicio, de convertir esa pasión en algo que hoy viaja en frascos y botellas.
Yo, Lorena, vengo del mundo de la tecnología. Casi treinta años de carrera que hoy se mezclan perfecto con la cocina de Walter: él crea, yo hago que esas creaciones encuentren su camino. Nos complementamos de manera natural, casi intuitiva.
Nuestro emprendimiento nació en mayo de 2025, después de mucho tiempo soñando y planificando. Y aunque somos nuevos, tenemos claro nuestro ADN: producciones cortas, procesos artesanales y una dedicación casi obsesiva por el detalle. Incluso nuestros licores —como Suspiro y Conjuro— se destilan a mano, sin alambique, lo que los vuelve únicos, irrepetibles, íntimos.
Ese sigue siendo el espíritu de Buenos Antojos: producir como quien cocina para sus amigos, con tiempo, con ganas, con cariño.
Lo demás… lo demás es consecuencia de dejar que la pasión haga su trabajo.